BIBLIOTECA “JOSÉ ERNESTO CACCIAVILLANI” DE BALLESTEROS

UNA CASA DE PAPEL Y DE PALABRAS 40 Años de la biblioteca popular de Ballesteros

Alguien dijo hace mucho (pero no recuerdo quién ni dónde) “decíme cómo es la biblioteca de tu pueblo y te diré cómo es tu gente”. Aquel hombre (porque era un hombre, ahora que lo pienso) estaba parafraseando a García Lorca, sólo que por aquel entonces yo no lo sabía. No me había sumergido ni “contaminado” lo suficiente con la “cultura”. Sólo sé que aquel día en la universidad de Córdoba (porque era ahí, en la facultad de Letras), pensé automáticamente en la biblioteca de Ballesteros. Y sentí una profunda tranquilidad, porque fue lo más parecido a pensar en mi casa. No porque la frecuentara demasiado sino porque se había inaugurado un par de años atrás, coincidiendo con mi decisión de estudiar literatura.
Y fue en esa biblioteca donde “Titi” Marsili (en el pueblo, nadie la conoce como Elba) me prestó por primera vez “El jugador” de Dostoievski en la vieja edición Salvat; una Antología del Cuento Universal encuadernada de rojo donde leí por primera vez “Los asesinos” de Hemingway; y también los “Cuentos” de Cortázar de editorial “Capítulo” donde leí “El perseguidor”, “La autopista del sur” y “Las babas del Diablo”.
No sé cuánto entendí o dejé de entender de aquellos libros con quince o dieciséis años. Pero en cambio recuerdo el impacto emocional que me produjeron, junto a la certeza absoluta de que ese sería mi camino en la vida; aunque me adentrara con zapatillas en medio de un pantano (el único par que tenía por aquel entonces y con el cual iba a la escuela y también jugaba al básquet).
Pero la fotografía más nítida que revela mi memoria de la biblioteca, son las manos de “Titi” dándome esos libros en una piecita pegada al “Hotel” Tití, haciéndome firmar una tarjetita y saludándome con una sonrisa como en la aduana de un aeropuerto. “Es para el viernes ¿Te vas a acordar? ¡Que lo disfrutes!”
Yo no sabía que ese inmueble gris que antes me pasaba desapercibido, pudiese ser un portal a otro mundo. Y menos que las manos de “Titi” me sellarían, alguna tarde de 1986, mi primer pasaporte.
Cuarenta años después estoy de nuevo en la biblioteca. Ya no es aquella casita de doña “Cata” Sierra pegada al Hotel “Tití” sino el Centro Cultural José Ernesto Cacciavillani, levantado en el Barrio de la Escuela Nueva.
Y si bien estamos reunidos con Any (Ana María Frayre, referente ineludible de aquella comisión del ´86) y Yoly (Yolanda Quiñonez, la actual bibliotecaria), al poco tiempo llega “Titi”. Y tras los saludos y acaso como un espejismo, se vuelve a levantar aquella vieja casa; aquel refugio hecho de papeles y palabras. Y entonces todo vuelve a tener sentido para mí. Porque una vez más, y aunque sea por un rato, me siento a salvo del mundo.


CRÓNICA DE UNA DAMA DE LOS OCHENTA

“Entonces, Any, ¿cómo arranca la biblio?”
“Fue en 1984, cuando un grupo de jóvenes y no tan jóvenes decidimos crear una Comisión de Cultura en Ballesteros. Eso fue con la llegada de la Democracia y nos propusimos muchos objetivos, teniendo en cuenta que en ese momento no había ninguna movida cultural acá. Todos veníamos de diversos espacios políticos, pero nos pudimos unir en pos de un interés común y gracias a la apertura de aquellos tiempos”.
Y Any me recita de memoria el plantel de aquella comisión.
“Éramos un grupo hermoso... Liliana Nasser, Alicia Aquiles, Silvia Davicco, Silvia Cerutti, Roberto Marsili, Albita de Bollo, Cristina Casabona, Juan Martorell; Alberto Sassi; Oscar Bollo; Jorge Gallo; Chela Rigoni; Mirtha Rivero, Silvia Cerutti, mi esposo Danilo Formica, mi hermana Adriana Fraire y yo. La idea fue que esa comisión fuese autárquica; es decir, que no perteneciera ni a la municipalidad ni a los partidos. Con la Comisión de Cultura se hicieron muchos eventos; todos para recaudar fondos".

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